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realizado
en San Lorenzo Ciudad Historica
COPYRIGHT DARIO RIOS 2001 |
s
CATÁSTROFE SOCIAL EN ARGENTINA
La situación a Junio del 2002
Claudio Lozano
Instituto de Estudios y Formación de la CTA
Se trata de un país donde la mayor parte de los pobres son niños y donde la mayor parte de los niños son pobres.
La misma evaluación referida a la población pobre e indigente exhibe un cuadro mucho peor. Estos han perdido en los cinco meses 26.3 % y 29.9 % respectivamente. Asimismo, en términos anuales, la caída sería de 56,3% y 62,5% en cada caso.
23,1 millones de pobres (65.1%)
11,4 millones de indigentes (32.2%)
10.5 millones de menores de 18 años bajo la línea de pobreza
Son estos los datos que hay que poner en el centro del análisis al evaluar los asesinatos y la represión del miércoles 26 de Junio en Avellaneda. Es la profundización de la desigualdad y la decisión de mantener políticas que la promueven(Argentina expulsa bajo la pobreza a 700.000 compatriotas por mes)la que destruye el sistema democrático y reclama un formato institucional que cercene las libertades y consolide un orden de creciente autoritarismo.
Los datos remiten a una sociedad, un país, en caída libre. Computada la información del primer trimestre del presente año, Argentina acumula 45 meses de recesión ininterrumpida, con una caída del 20,1% del PBI, un descenso del 60% de la inversión y de un 20,9 % del consumo. En valores absolutos y a precios constantes, la Argentina de hoy es equivalente a la de 1993 pero tomando en cuenta el PBI per capita, este es hoy un 9% inferior al de aquel año. Mas aún, ampliando la mirada y poniendo el punto de referencia en los momentos previos a 1976, el PBI per capita de hoy es 23.3% inferior al de 1975.
Cuadro Nro. 1
PBI per cápita 1975=100
En el marco expuesto , la información disponible permite situar un cuadro social de características verdaderamente catastrófico para una sociedad que supo ser de las más integradas de América Latina. A los efectos negativos que se afirmaran durante la vigencia del régimen convertible, se agregaron los impactos deletéreos que sobre el nivel de vida popular generó la salida devaluacionista. Así, los últimos datos del INDEC correspondientes a Mayo del presente año nos dicen que en nuestro país hay:
a) Personas bajo la línea de pobreza: 18.219.000,es decir el 51,4% de la población
b) Personas en situación de indigencia: 7.777.000, es decir el 21,9% de la población
c) Niños y adolescentes en situación de pobreza: 8.319.000,es decir el 66,6% de los menores de 18 años de nuestra sociedad.
Los datos globales mencionados permiten inferir el siguiente cuadro en materia de pobreza e indigencia a nivel de las distintas provincias y regiones:
Cuadro Nro. 2
Cuadro Nro.3
Fuente: Elaboración propia en base a datos del INDEC y SIEMPRO
Los datos de las provincias permiten realizar el siguiente ordenamiento regional :
Cuadro Nro.4
Cuadro Nro.5
Los Cuadros Nro. 4 y 5 brindan una visión respecto a la distribución regional de la pobreza y la indigencia. En ambos, los niveles más altos remiten a la región del nordeste argentino. Situación en la que priman los valores correspondientes a Chaco, Formosa y Corrientes. En estas provincias más de 7 de cada 10 habitantes se ubican bajo la línea de pobreza. Si bien Misiones se ubica un poco por debajo de esos valores, mantiene una situación similar en términos del porcentaje poblacional en situación de indigencia. Resumiendo, Corrientes es la provincia más pobre y Chaco la que exhibe el mayor nivel de indigentes.
En ambos cuadros también se ubica en segundo lugar el NOA donde 6 de cada 10 habitantes son pobres. Situación ésta que es claramente superada por Jujuy (sus valores se ubican en niveles similares al NEA) y Salta y donde Tucumán, La Rioja y Catamarca se ubican claramente por debajo del promedio.
En el Cuadro Nro. 4 el tercer lugar le corresponde a Cuyo siendo en esta región San Juan la provincia más afectada y Mendoza la que exhibe una mejor situación. Respecto a la indigencia que exhibe el Cuadro Nro. 5, la zona central aventaja a Cuyo.
En torno a la situación de las provincias del Centro, cabe consignar tres cuestiones relevantes. Por un lado, la mejor situación relativa de la Ciudad de Buenos Aires (lo cual reduce el promedio de la región) y la difícil situación de Entre Ríos que, claramente, presenta valores compatibles con la región NEA.A su vez tanto provincia de Buenos Aires como Santa Fe se ubican en torno a los valores promedios nacionales.Ciertamente ,dada la concentración demográfica de la Argentina,esta es la zona donde el numero absoluto de pobres es mayor.
Por último, la Patagonia (con una baja participación en el total poblacional) es la que exhibe los guarismos inferiores en esta verdadera "catástrofe nacional".
Sobre las postrimerías del régimen convertible la economía argentina revelaba tres rasgos de suma complejidad:
La Argentina que colapsara política y socialmente hacia finales del 2001 revelaba una cuadro simultáneo de recesión, desequilibrio estructural en su balance de divisas y alto endeudamiento externo. Todo esto en un marco internacional que hacia mediados de 1998 comenzó a racionar la disponibilidad de fondos hacia los países de la periferia transformando en crecientemente imposible sostener el nivel de actividad en base a nuevo endeudamiento. En este marco se opera el default de nuestro país.
Sobre este cuadro se operó la salida "devaluacionista " practicada por el actual gobierno en directa articulación con el denominado Grupo Productivo (Grupos locales y extranjeros integrantes de una cúpula empresarial con fuerte inserción exportadora e importante control sobre la producción de nuestro país) y profundizada por la estrategia fondomonetarista de flotación cambiaria dirigida a reorientar la economía local en función del logro de abultados saldos comerciales en divisas destinados a transformarse en base para una recomposición de los pagos externos de nuestro país.
Esta salida tuvo efectos concretos sobre los tres rasgos señalados. Si bien alteró el esquema de rentabilidades relativas privilegiando a la producción sobre los servicios y mejorando las posibilidades de sustituir producción extranjera por producción local, lo hizo a costa de profundizar (por vía del impacto en precios de la devaluación) la caída de los ingresos de la población. Situación que se hizo extrema al afirmarse el colapso financiero (sistema este que, en tanto el régimen bimonetario de la convertibilidad lo autorizo a emitir dólares, también se sostuvo con endeudamiento) y que impactó en términos de fuerte destrucción de riqueza sobre franjas de la población que habían mantenido capacidad de ahorro. Por otra parte, dado el proceso de devastación productiva (destrucción de cadenas de valor) que se había vivido y en un contexto de mayor caída del consumo popular y el mercado interno, sin sistema financiero y sin modificar sustancialmente la política comercial e impositiva, la sola devaluación produjo un rápido colapso de aquellas actividades de servicios de la etapa anterior al tiempo que agrego la crisis de aquellas actividades que teniendo un elevado componente de importados no tenían capacidad de trasladar a precio los nuevos costos. En el contexto descrito, los efectos favorables a la sustitución propios de la devaluación operan con extrema limitación y lentitud, mientras que los efectos destructivos de la devaluación son inmediatos. Por otra parte, los efectos expansivos de la devaluación sobre los bienes de exportación operan sobre un núcleo que exhibe una fuerte especialización en la colocación de recursos naturales, que muestra una elevada concentración en pocas firmas y que tiene un escaso componente de empleo. Así, la caída del consumo y, por lo tanto, sus efectos recesivos nunca pueden ser compensados por la dinámica exportadora.. Máxime en un contexto internacional donde los efectos vigentes exhiben una tendencia a que el incremento en el volumen de nuestras exportaciones sea acompañado por una caída sustantiva de los precios de nuestros productos.
Este es el marco que explica los impactos que han operado durante estos meses sobre el mercado laboral. Este registra tres efectos simultáneos:
Así las cosas, el impacto del ciclo recesivo de la economía argentina puede presentarse del siguiente modo:
Cuadro Nro.6

Fuente: Elaboración propia en base a INDEC, SIEMPRO y estimaciones privadas.
Como puede observarse en el gráfico, la expansión sistemática de la desocupación es acompañada por el incremento de la pobreza y de la indigencia. En este último caso, destaca su mayor intensidad ya que la indigencia casi triplica en expansión a la pobreza. Aspecto este a considerar ya que la canasta respecto a la cual se establece esta determinación es sólo alimentaria y remite a las calorías imprescindibles para garantizar la sobrevivencia.
Hechas estas apreciaciones, corresponde Centrar el análisis en el aspecto clave de la nueva coyuntura abierta a partir de diciembre y que remite a la pulverización del salario real y de los ingresos.
El cuadro nro. 7 nos permite comparar la evolución del índice de precios al consumidor con la evolución diferencial de la Canasta Básica Total (CBT) que normalmente se utiliza para establecer la línea de pobreza, de la Canasta Básica Alimentaria (CBA) que se utiliza para medir la indigencia, del Índice de Precios Mayorista y del Índice Mixto (IPC/IPM). Los dos últimos, permiten establecer algunas precisiones respecto al ritmo inflacionario y a su impacto sobre el gasto público.
Cuadro Nro. 7
Fuente: Elaboración propia en base a datos del INDEC.
Así las cosas, el cuadro Nro.8 permite captar la evolución de la población de ingresos fijos (asalariados, jubilados, población pauperizada, indigente, etc.) haciendo 100 el momento correspondiente a diciembre del 2001. La evaluación considera tanto la caída promedio (establecida por la variación del IPC) como la que registra la población pobre y la población indigente.
Cuadro Nro. 8
Evolución población de ingresos fijos
Base Diciembre 2001=100
Fuente: Elaboración propia en base a datos del INDEC
Lo que el cuadro describe es por demás preocupante tanto por el superior impacto que el deterioro exhibe sobre la población de menores ingresos como por la envergadura que asume la reducción de estos con sólo proyectar la evolución de los precios correspondiente a los primeros cinco meses y al resto del año. Así, mientras la caída promedio mensual de los salarios y de otros ingresos fijos es de un 4.9%, para la población indigente el deterioro mensual se eleva al 7.9%. De igual modo, la pérdida promedio para los primeros cinco meses es de un 20.6%, mientras que para la población indigente asciende al 29.9%.
Por último, si las cosas en materia de precios se mantienen en los términos actuales, la pérdida de los asalariados y demás población de ingresos fijos ascenderá a un 45.5% en el curso del año. En tanto, para la población indigente se acercará al 62.5%.
Las proyecciones anuales aquí presentadas siguen siendo válidas pese a los señalamientos que, luego del índice de mayo y ante las perspectivas de junio, indican que habríamos ingresado a una meseta inflacionaria. Entendemos que estamos lejos de haber encontrado un tope a la evolución de los precios. Ciertamente, la mayor estabilidad del dólar y la profunda recesión imperante han actuado como límite para el índice de mayo y seguramente para el de junio. No obstante, las indefiniciones en el plano monetario y financiero, las demoras en el acuerdo con el FMI, la crisis regional y la negociación vigente respecto a la actualización de las tarifas (los servicios representan el 47% del IPC) hablan a las claras de que el proceso está lejos de haber sido controlado. Asimismo, corresponde apuntar también la amplísima diferencia que exhibe el comportamiento del IPC respecto al Índice de Precios Mayorista. Este último, más que triplica la evolución de los precios al consumidor en los últimos cinco meses. Señal esta de la existencia de presiones inflacionarias aún no realizadas.
En base a lo expuesto puede afirmarse que el ingreso promedio de los hogares pobres que en diciembre del 2001 se ubicaba en $ 276.9, se encuentra hoy –a valores de diciembre- en $ 204 y estará en $ 121 a finales de año.
Aplicando el mismo criterio para el ingreso promedio de los indigentes, surge que los $ 118.2 que en promedio caracterizaban a dichos hogares hasta finales de año, pasarían a representar hoy $ 82.8 y a finales de año $ 44.3 –valores tomados a precios de diciembre del 2001-.
El criterio que hemos venido planteando hasta aquí debe utilizarse para considerar el significado de los $ 150 que el gobierno propone entregar a, aproximadamente, un millón de jefes de hogar desocupados. En este sentido, tomados a valores de diciembre, esos $ 150 representan hoy $ 110 para los hogares en situación de indigencia y a finales de año sólo supondrán $ 65.5.
Realizadas las consideraciones anteriores, presentaremos la evolución del ingreso medio de los asalariados considerando la información provista por la EPH para el Gran Buenos Aires.
Cuadro Nro. 9
Ingreso Medio Asalariados GBA
1974=100
Fuente: Elaboración ppia en base a EPH
La evidencia disponible indica que a finales del año 2002 (de mantenerse la tendencia actual en materia de precios), el ingreso promedio de los asalariados sería un 66.7% inferior en términos reales al vigente en 1974 y equivale hoy a menos de la mitad del de aquel entonces. Debe consignarse que esta es la tendencia que surge de considerar el total de los ingresos que perciben los asalariados. Peor es la situación si se observa estrictamente la evolución de los salarios. En ese caso, la caída es mayor ubicando a los salarios reales a finales de año en valores casi un 80 % menores a los del 74, La diferencia entre una tendencia y otra remite al papel creciente que los adicionales tienen sobre el total de los ingresos. Aspecto este a señalar ya que en un contexto de profunda depresión económica y generalizado desempleo, la reducción del salario de bolsillo (tendencia también vigente hoy) se opera por vía de la eliminación de dichos adicionales.
Corresponde también señalar que el índice mixto permite considerar el impacto de la inflación sobre las prestaciones y actividades del sector público. En tanto el cálculo presupuestario consideraba un índice del 15%, una proyección del 238.7% (tal cual expone el cuadro nro. ) al año implica un deterioro en términos reales en los gastos que el sector público realiza. Situación que, por cierto, no hace más que profundizar los niveles de desprotección de la población que se pauperiza por efecto del mayor nivel de precios.
Una evidencia en este sentido se obtiene comparando el gasto primario (antes de intereses) de la Administración Nacional correspondiente a este año con el del año pasado, medidos ambos a precios del año 2001 (Ver Cuadro Nro. 10)
Cuadro Nro. 10
Administración Nacional
Millones de pesos de 2001
|
2001 Ejecución |
2002 Presupuesto vigente |
Variación porcentual | |
|
Gasto Primario |
38.180,5 |
24.787,1 |
-35 |
Fuente: Elaboración propia en base a Ministerio de Economía.
La caída del 35% que se observa en el cuadro indica el deterioro del sector público en su capacidad de intervención durante el presente año. Cabe consignar que los valores que exhibe el cuadro reproducen las estimaciones realizadas por el propio Ministerio de Economía en base a una hipótesis inflacionaria del 60% para el IPC y del 117.56 para el IPM. Ciertamente, haciendo la misma comparación en base a las hipótesis inflacionarias que manejamos en este trabajo (ver cuadro nro. 7), la caída del gasto primario sería del 52%.
La medición de la pobreza y la indigencia en base a una imaginaria "línea de ingresos" consiste en establecer, a partir de los ingresos de los hogares, si estos tienen capacidad de satisfacer –por medio de la compra de bienes y servicios- un conjunto de necesidades alimentarias (es el caso de la CBA que define el límite de la indigencia) y no alimentarias (CBT que define la línea de pobreza) consideradas esenciales.
Los valores se obtienen en base a considerar los hábitos de consumo de la población y estableciendo una unidad de referencia denominada "adulto equivalente".
En función de nuestro objetivo que es fijar los valores necesarios para combatir la pobreza en la Argentina presente, corresponde precisar lo ya expuesto en los puntos anteriores respecto a la evolución de los valores de la Canasta Básica de Alimentos y de la Canasta Básica Total. Presentamos, a estos efectos, el Cuadro Nro.11 .
Cuadro Nro. 11
Valores de la canasta básica de alimentos (cba) y canasta básica total (cbt)
Fuente: INDEC
De acuerdo a la evolución descripta, los nuevos valores para las canastas de pobreza e indigencia serían los siguientes. El cuadro nro.12 los exhibe para diferentes configuraciones familiares.
Cuadro Nro. 12
Fuente: Elaboración propia en base a datos del INDEC
De igual modo que lo hiciéramos durante el año 2000 y 2001 en nuestra propuesta del shock distributivo, tomaremos el valor de canasta considerado promedio para una familia con dos hijos chicos y que, como exhibe el cuadro Nro. 12, asciende a los $ 625.94. Ante esta situación, el objetivo de nuestra propuesta sigue siendo garantizar por vía de un seguro de empleo y formación para todo los jefes y jefas de hogar, mediante una asignación universal para todos los menores de 18 años y con una asignación para los mayores sin cobertura, que todo hogar en la Argentina reúna el ingreso mínimo necesario para acceder a la canasta básica total.
En más de una oportunidad hemos señalado que nuestra estrategia era absolutamente factible si decidíamos como sociedad afrontar la crisis por vía de un enfoque distributivo. Señalamos que esta decisión implica mayor recaudación como consecuencia del alza en el consumo y en la actividad económica, y que en este contexto, una nueva estrategia fiscal de mayor progresividad, permitiría sostener el objetivo. Por lo tanto, siempre nuestra estrategia de cambio en la matriz distributiva tenía implícito un nuevo régimen salarial, un nuevo tipo de intervención fiscal y una nueva dinámica productiva. No obstante, vuelve a ser relevante volver a señalar la existencia de capacidad económica suficiente en nuestro país para, aún en el presente contexto de deterioro, promover una fuerte política de distribución.
Considerando que, dada la evolución de los precios, el PBI medido en pesos se ubica en torno a los $ 350.000.000.000 y sabiendo que el consumo total de los hogares representa el 68.9% del valor citado, podemos calcular en valores equivalentes cuantas canastas de pobreza e indigencia se consumen en la Argentina.
La cifra es elocuente: en nuestro país, se consumen valores equivalentes a 904 millones de CBA (línea de indigencia) al año. Lo cual equivale a 75 millones de canastas al mes. Dicho de otro modo, en Argentina se consume por el equivalente a los que necesitarían 300 millones de personas para estar por encima de la línea de indigencia. Por lo tanto, la redistribución a operar para que nadie esté en situación de indigencia requeriría modificar apenas el 2.5% del consumo total.
Respecto a la CBT (la que define el umbral de la pobreza), los números también son elocuentes. Argentina consume 384 millones de CBT al mes. Considerando que cada CBT implica cuatro personas, en nuestro,país se consume el equivalente necesario para que 128 millones de personas puedan estar por encima de la línea de pobreza. Por lo tanto, resolver la situación actual supone redistribuir el 14.18% del consumo actual total. Así, nadie en nuestro país sería pobre. La capacidad de poner en marcha una estrategia distributiva no sólo es imprescindible desde el punto de vista ético, sino que es factible dados los actuales recursos económicos y la profunda desigualdad existente. De lo contrario, manteniendo el rumbo actual, finalizaremos el año 2002 con
23,1 millones de pobres (65.1%)
11,4 millones de indigentes (32.2%)
10.5 millones de menores de 18 años bajo la línea de pobreza
Situación esta que se distribuiría del siguiente modo en las distintas provincias: