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Una nueva estructura del trabajo para el desarrollo
Fukuyama: Confianza, Esperanza y Capital Social

Sin confianza entre sociedad y gobierno no hay desarrollo

Poner fin al sistema judicial corrupto

Acabar con la corrupción en la política

La llegada de Cuauhtémoc Cárdenas es positiva: crea competencia política útil

Los empresarios mexicanos oyeron de Fukuyama, recientemente, tal vez palabras que no esperaban escuchar.

Pero, ¿quién es Francis Fukuyama? Un norteamericano de origen japonés, profesor de Políticas Públicas de la Universidad George Mason, y autor de uno de los libros mas famosos en las ciencias sociales contemporáneas: "El fin de la historia", que intentaba demostrar "el fin de las ideologías" con motivo de la caída del comunismo y del "Muro de Berlín". También escribió el libro: "El último hombre" y más recientemente: "Confianza" (Trust ).

También fue maestro de la clase de Democratización y Economía Política en la Universidad de Chicago.

Fukuyama al criticar a empresarios y a la organización empresarial de otros países fue delicadamente, al más puro estilo oriental, crítico de los empresarios y la organización empresarial mexicanos y no sólo ello, sino también del gobierno.

"No puede haber confianza en un país donde el presidente se roba el dinero para ayudar a su familia, o donde un senador usa su influencia para hacer negocios privados". Claro que Fukuyama se refería a Italia, pero los empresarios que lo oyeron en el World Trade Center entendieron que también a México.

Criticó Fukuyama la falta de interés empresarial por dar oportunidades de capacitación a sus trabajadores y empleados, así como los engaños en las transacciones comerciales y el incumplimiento de los contratos, así como la corrupción en el sistema judicial.

"Espero que aquí no haya nadie del mezzogiorno italiano", dijo con una fina ironía, mientras muchos integrantes del auditorio se veían reflejados en ese modelo negativo que corresponde al mezzogiorno mexicano.

Cuando un empresario le preguntó a Fukuyama qué pensaba de Cuauhtémoc Cárdenas como nuevo Jefe de Gobierno del Distrito Federal, el científico social le respondió que la competencia política es muy positiva y que será muy útil para el desarrollo de la democracia mexicana.

Fukuyama, un hombre de alrededor de cincuenta años, pero que, como buen japonés, parece de menor edad, ofreció una conferencia magistral en la convención anual de la Cámara Nacional de la Industria de Transformación (CANACINTRA), sobre "La Participación del Gobierno en la Generación de un Ambiente Estable y Predecible, Como Condición para el Desarrollo Económico y Social. Los retos de México".

Para Fukuyama los tres graves problemas que hay que resolver para hacer avanzar a una sociedad como la mexicana no son "fe, esperanza y caridad", sino "fe (confianza), esperanza y capital social".

La confianza en la sociedad es la base del desarrollo; tanto la confianza de la sociedad hacia el gobierno, como la confianza que se tengan entre sí los diversos sectores de la sociedad, de tal suerte que las transacciones que se realicen sean confiables.

De esa manera, se creará un ambiente estable y predecible que permita el desarrollo económico y social.

Pero si en un país, los funcionarios se roban el dinero y dicen una cosa y hacen otra, no puede haber confianza; como no la habrá en un país donde los jueces sean corruptos. Claro que Fukuyama se refería a Italia y no a México.

Pero la falta de confianza también se da hacia dentro de las empresas en diversas formas. Por ejemplo, se establece un sistema moral de dos niveles, donde los dueños de la empresa sólo confían en sus familiares y no en los extraños, de tal manera que las empresas pequeñas no pueden crecer adecuadamente porque no admiten socios fuera del grupo familiar. Rechazan a los extraños y, desde luego, no confían en los extranjeros.

En Italia, puede decirse que hay una ausencia absoluta de confianza, en tanto que en Alemania y Japón hay mucha mayor confianza en el gobierno y en las instituciones, así como entre las empresas, y entre las empresas y los trabajadores.

En los Estados Unidos "la confianza está desapareciendo gradualmente, en las instituciones públicas". En 1950, según estadísticas confiables el 70% de la población confiaba absolutamente en el gobierno y en 1997, sólo lo hace el 18%.

Y sólo el 25% de los norteamericanos piensa actualmente que sus conciudadanos son honestos, lo que demuestra desconfianza entre los elementos de la sociedad.

Según Fukuyama, en los países avanzados, como Alemania, Japón, Estados Unidos, hay una sociedad civil muy "densa"; las negociaciones entre ciudadanos y empresas son creíbles; hay una red de organizaciones sociales y las instituciones funcionan con alto grado de honestidad, al mismo tiempo que se protegen los derechos ciudadanos.

"Muchos países latinoamericanos se pareceren a Italia", dijo Fukuyama. Veinte, cincuenta o cien familias, controlan la economía, y los problemas políticos son similares. Son países con una moral de dos niveles; entre los grupos cerrados se tratan de una manera, pero hacia los otros grupos se conducen de otra.

"En Brasil eso es muy evidente. Un senador puede robar a nombre de su familia, y eso parece moral entre ciertos grupos dominantes".

"En Estados Unidos no somos ningunos santos; no somos perfectos; pero estamos en el lado individualista del espectro, aunque tampoco es correcto el individualismo a ultranza".

"Alexis de Tocqueville, en La Democracia en América, descubre en el siglo pasado la forma en que se desenvuelve la sociedad norteamericana y el punto clave es la confianza recíproca entre los diversos sectores de la sociedad: la iglesia, el Estado, las empresas, aunque infortunadamente este grado de confianza está ahora disminuyendo".

Es muy importante -mencionó- el comportamiento del sistema judicial; la forma en que se resuelven los litigios, y en ello radica la existencia o ausencia de confianza; y si no hay confianza no hay desarrollo o es muy lento.

El papel del Capital Social

Señala el académico que hacia dentro de las empresas debe dejarse crear lo que llama el "capital social", un concepto nuevo que se está generando en la industria en países de alto desarrollo y que puede ejemplificarse con lo que ocurre en Silicon Valley, en California, donde los creadores de Chips y otros productos electrónicos, son personas de alta capacitación que no requieren de un mando específico, autoritario y jerárquico, y que incluso llegan a ser amigos entre ellos; y en el trabajo generan ideas nuevas, colectivas, que al ponerse en práctica dan lugar a nuevos productos de alta calidad.

De hecho, la creación de capital social puede localizarse en los años cincuentas en la Toyota de Japón, donde se establece el concepto de Just in time y se permite a los obreros, muchos de ellos ingenieros, tomar decisiones, cosa que no estaba permitida en el viejo modelo industrial tayloriano, que también podríamos denominar hitleriano, autoritario, donde el obrero sólo trabaja, no habla o no debe hablar con nadie y obedece al mando de una empresa centralizada y jerárquica.

La planta Ford, en su origen, en la producción de autos en los Estados Unidos, otorgaba una confianza cero a sus trabajadores, que debían seguir reglas burocráticas y punto; que no tenían porque comprender el proceso industrial en que estaban involucrados; y que no tenían que hablar nada entre ellos; incluso, muchos de ellos ni siquiera hablaban inglés.

En la industria japonesa de principios de siglo, los obreros no podían tomar decisiones de niguna índole. Ahora sí la tienen; incluso un obrero puede jalar una cuerda y parar toda la producción en línea, si cree que con ello está garantizando la calidad de la producción, ya que ha observado un defecto en la misma.

Sin embargo, este derecho del obrero es imposible en otros sistemas donde existen relaciones hostiles entre capital y trabajo, ya que la existencia de esa cuerda que permite el paro de la línea de producción se prestaría al sabotaje.

Las fábricas modernas, de alto nivel de tecnología, sólo pueden funcionar con un alto nivel de cooperación, respeto y lealtad. Y sólo esto permitirá a la empresa ser competitiva en las actuales condiciones de globalización.

También debe darse una gran rotación en el trabajo. Ningún trabajador debe durar más de 2 o 3 años en una empresa.

Naturalmente debe existir más confianza entre los operarios de una empresa de alta tecnología. En Microsoft, por ejemplo, trabaja gente de altos conocimientos. Todos son doctorados, y a personas así no se les puede manejar de manera hitleriana; no puede haber con ellos autoritarismo.

¿Cómo se crea la confianza en el capital social?, ¿cómo se crea la confianza en una sociedad, en un país?

En primer término hay que aclarar que la confianza es un problema social y político; no es económico; depende de la creación de instituciones o de la reconstrucción de instituciones que no han sido bien manejadas.

Debe respetarse una regla de oro: no hay que dañar al tipo de confianza social que se tenga en el país. En Francia, por ejemplo, hay falta de confianza en las instituciones provincianas. Todo tiene que ser llevado a París y eso crea una centralización indeseable.

Se requiere más libertad de organización para las empresas privadas y menos compañías del Estado para evitar la corrupción.

Hay que estimular la participación de la sociedad; hay que crear redes sociales, organizaciones sociales.

Hay que proteger la transacción; esto es, el cumplimiento de los contratos entre particulares, entre empresas, y entre éstos y el Estado. Que los agentes económicos puedan actuar disminuyendo costos. Para esto debe terminarse con la corrupción en el sistema judicial. Hay que poner fuera a abogados y jueces corruptos.

La apertura económica internacional es necesaria; implica más desafío y más competencia; también le da más dinamismo al mercado interno.

Que no haya un gobierno autoritario o represivo. Que cualquier gente o líder social pueda crecer dentro de los límites establecidos; esto quiere decir que haya libre movilidad social y estimulación de liderazgos.

Que en la sociedad existan valores y normas compartidos; es decir, que haya una ética, una sola moral, para el trabajo, la producción, el comercio, la política, la cultura. Que si el juez no es honrado, que si el líder político no actúa conforme a sus compromisos, sepa que está violando principios morales que la sociedad condena y que por ello será castigado de alguna forma.

Los países que quieran entrar al siglo XXI en un estado de competencia y alta productividad tienen que crear un estado de confianza interior.

Fukuyama sugiere que los problemas en Corea del Sur están surgiendo entre otras cosas por la existencia de líderes poco honrados; y que en muchos países de América Latina la violencia social y el aumento de la tasa de ilegalidad, está surgiendo por la falta de confianza en las instituciones.

Afirmó que es claro que la crisis económica latinoamericana significa un aumento en la tasa de criminalidad. Según encuestas, la criminalidad en los Estados Unidos podría tener su origen en la televisión; pero esto también podría ser un error de encuesta, por el hecho de que mucha gente no distinga bien las causas profundas de la criminalidad. En el supuesto caso de que la televisión en los Estados Unidos fuera suprimida, lo cual no es una opción real, no sabemos si la criminalidad disminuiría.

En los países latinoamericanos el problema es que los políticos puedan cumplir con sus promesas y que puedan hacer efectivas las leyes.

La globalización ha creado un estado de transición en países como México, en el que no se demuestra que ella sea buena para todos en este momento; precisamente, porque se vive un estado de transición.

Hay que invertir en los trabajadores, en su capacitación y prepración; educarlos para que sepan colaborar entre ellos. Hay que capacitar mucho a la gente dentro de la empresa.

Al referirse concretamente a nuestro país, Fukuyama afirmó que "México tiene una severa crisis de confianza en la autoridad; una crisis de confianza pública". "Sí hay esperanza para el futuro, pero los niveles de confianza son bajos. El problema de la confianza empieza por arriba. Han habido malas experiencias de confianza".

"La confianza no es sólo algo moral, sino también está relacionada con la competencia y la capacidad humana".

"No puedo dar consejos para México ni para los mexicanos; pero si doy la bienvenida a los mexicanos que obtienen logros y a los sectores que se superan".

Concluyó comentando sobre su antigua idea expresada a la caída del Muro de Berlín sobre "El Fin de la Historia".

"Parecía hasta hace poco que al final del siglo XX no podía haber una economía global con base en una ideología: comunismo, capitalismo, o cualquiera otra; pero de pronto, con la caída del muro de Berlín la globalización se ha instalado" y entonces volvió al punto de partida. "Para que un país participe adecuadamente en la globalización, debe tener un alto grado de confianza al interior. Si el presidente roba no hay confianza en ese país; la sociedad civil debe organizarse, deben fortalecerse los partidos políticos, las organizaciones sociales, laborales y sindicales; la economía debe funcionar sobre valores éticos; y debe abrírsele paso al capital social, para que la fuerza laboral participe en forma más completa y adecuada en el proceso productivo".

Muchos de los conceptos de Francis Fukuyama resultaron sorprendentes para algunos empresarios de los varios centenares reunidos en ese momento en el World Trade Center y dieron origen a comentarios y polémicas en los corrillos, mientras otros acudían con el autor para que les autografiara su nuevo libro, "Confianza".