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ORGANIZACIONES DE BASE DEL SECTOR DE LA MICROEMPRESA

RURAL Y URBANA

 

 

 

 

LINEAS DE ANALISIS Y MARCO PARA LA INTERVENCION

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Lic. Diego Domínguez

Ddominguez@foncap.com.ar

Conceptualización

de las Organizaciones de Base

 

Con el presente trabajo se quiere profundizar la conceptualización de las Organizaciones que representan al sector de la Microempresa de menores recursos económicos. Para ello tomamos documentos de diversas fuentes (UNESCO, FONCAP, PSA, etc), así como también elementos provenientes de la experiencia adquirida en estos dos años de trabajo e interacción con las organizaciones de base del sector.

Dado que estamos analizando específicamente Organizaciones de Base Microempresarial, se hace necesario partir de una definición de Microempresa.

 

Microempresa

Por Microempresa de menores recursos económicos se suele aceptar aquélla que tiene hasta 5 empleados o la constituida por cuentapropistas (sean empresas familiares o no) cuyo principal capital suele ser su historia de trabajo, que en general participan de la economía informal, tienen baja productividad, escasa utilización de tecnología, presentan deficiencias en la etapa de mercadeo y logran un escaso o nulo grado de capitalización por sus propios medios.

Estas características con las cuales definimos a la Microempresa sin similares a las que, según Coraggio (1994), asumen las unidades que componen la Economía Popular (EP). Coraggio sostiene que la Economía Popular, limitándose en el análisis a América Latina, esta constituida por "unidades domesticas de trabajadores que dependen principalmente del ejercicio de su trabajo para lograr su reproducción biológica y cultural, (...) teniendo como objetivo ultimo la reproducción ampliada de la vida de sus miembros" (Coraggio,1994: 15). Sin embargo no se puede homologar totalmente las unidades domesticas de producción (UDP) a la Microempresa (Me).

En todo caso podríamos adoptar la categoría de Me en términos amplios, como englobando unidades de producción domestica vinculadas al mercado y unidades de producción capitalista. Aunque fuera del sector de la Me quedarían aquellas unidades domesticas de producción desvinculadas del mercado, volcadas absolutamente al autoconsumo. En América Latina este corte significaría dejar fuera de la categoría de Me gran parte de las unidades de producción. Por otra parte también podríamos introducir la discusión sobre el mismo término Microempresa que realiza un corte desde la conexión o no con el mercado, excluyendo o subordinando otras variables relacionadas a las unidades de producción.

Estas cuestiones evidencian la complejidad del tema, cuya resolución tendrá mas que ver con el hecho de que una visión de la realidad se imponga sobre otra en función de relaciones de poder, y no tanto con una discusión académica. Es probable que a medida que se implementen programas de integración al mercado de las unidades de producción, la noción de Microempresa se extenderá y la "mirada" desde el mercado se transformará en hegemónica.

Mas allá del debate encontramos como necesario tener en cuenta que una porción importante de las Microempresas –fundamentalmente aquellas de menores recursos económicos- son caracterizables como UPD y participes de la Economía Popular.

Es decir, que nuestra comprensión de la Microempresa argentina no puede pasar por alto el hecho, y por ende las consecuencias para un diagnostico, de que aquella integre en parte la llamada Economía Popular. Esto significa fundamentalmente que la lógica de funcionamiento, de estas unidades domesticas de producción y/o comercio de bienes y servicios "no es la ganancia ni la eficiencia en términos de la empresa capitalista, sino la reproducción de sus miembros" (Coraggio,1994), y además que su espacio geográfico de acción es mayormente local (sin desconocer casos aislados de vinculación a mercados mas amplios: nacionales e internacionales).

Tener en cuenta estos datos sobre la Microempresa debieran servirnos para observar más agudamente la realidad de las Organizaciones propias del Sector, su funcionamiento, sus problemas, sus objetivos, sus dirigentes, su dinámica interna de toma de decisiones, etc. Suponiendo en esta última afirmación que las Organizaciones heredan algunos de los aspectos propios de las unidades que representan, o por lo menos que las características de las Microempresas condicionan, de cierta forma, las estructuras asociativas que las contienen.

 

Las Organizaciones de Base Microempresarial

Nos referimos específicamente a aquellas organizaciones de la sociedad que representan al sector de la Me de menores recursos económicos, y que persiguen objetivos tendientes a contribuir a su desarrollo, fortaleciendo la capacidad de planificación, gestión, obtención de logros y autoevaluación.

Las organizaciones surgen ante la necesidad de las Me de sobrevivir en una realidad económica adversa, plagada de obstáculos que se manifiestan en grados altos de exclusión (del mercado, del crédito, de los servicios, de la capacitación, etc). Tal contexto obliga a los Microempresarios a buscar soluciones a partir de estrategias colectivas en muchos casos, principalmente en áreas rurales. Las organizaciones despliegan una actividad en doble frente: hacia sus asociados –brindándoles servicios- y en representación de los intereses del sector en general –actividad gremial.

Las organizaciones aparecen fundamentalmente como estrategia de crecimiento, abriendo canales de comercialización, aumentando la capacidad de negociación de las Me en el mercado, asistiendo técnicamente a los socios, gestionando leyes o políticas de apoyo ante el Estado o haciendo visible al sector frente a la sociedad.

De lo anterior se desprende que la organización aparece ligada, por un lado a un sentido utilitario, de beneficio directo para la Microempresa que busca realizar su producción en el mercado. Pero a su vez surge como capacidad de interacción frente a otros actores, participando de esta manera en la misma definición de ciertos mecanismos de orientación del mercado. La organización de base microempresarial posibilita al sector actuar en un campo de negociación determinado. Un ejemplo de esto es la participación de la Microempresa en los sistemas de AltroMercado, o de Comercio Justo, como también ilustra la presión que ejercen las mismas desde sus organizaciones para la implementación de una ley que además de otorgar reconocimiento al sector, lo beneficia con excensiones, facilidades de crédito, etc.

En términos de representaciones sociales, es importante tener en cuenta que la organización de base funciona como anclaje concreto, cotidiano, perceptible de un nosotros microempresarial. Desde la organización, como acción, como estrategia en permanente redefinición, la Microempresa –que suele estar imbuida de un individualismo que la aísla- logra tomar consciencia de su pertenencia a un sector. Sin olvidar que el proceso que va dando forma y definición a un nuevo actor socioeconómico se da en el marco de una mutua determinación entre el accionar del sector organizado (como consciencia) y el Estado (como reconocimiento).

Actualmente, las Organizaciones de Base del Sector de la microempresa de menores recursos económicos integran un universo heterogéneo y con múltiples dificultades de desarrollo. Estas características que asume el universo organizacional son compartidas con el sector que representa.

La heterogeneidad se manifiesta en una gran variedad de formas jurídicas (Cámaras, Asociaciones, Cooperativas, Uniones, Centros, Mutuales, etc), en la forma de agrupación de las Me (territorial o Sectorial), en el ámbito de cobertura de las organizaciones (Rural y Urbano). De lo que se desprende una gama de realidades, problemas y necesidades muchas veces profundamente distintos. Esto por momentos obstaculiza la posibilidad de que las organizaciones se integren en estructuras ampliadas (a nivel provincial, regional, nacional) de representación sectorial.

Las dificultades de las organizaciones provienen de factores que se entrecruzan. No obstante, estos diversos obstáculos se plasman en un solo problema, que es el de tener inconvenientes para sostener un accionar planificado y estratégico que les permita desarrollarse, y por ende promover el crecimiento del sector.

 

Debilidades de las Organizaciones del Sector

Las organizaciones de base microempresarial participan de un escenario constituido por una trama de actores, que involucra ONG´s (organizaciones de apoyo), organismos gubernamentales, grandes empresas, universidades. La complejidad de este universo de las instituciones involucradas con el desarrollo de la Microempresa obliga a las organizaciones representativas del sector a desplegar estrategias para desempeñar pertinentemente sus recursos, y lograr así alcanzar los objetivos que se proponen, tanto en lo politico-gremial, como en lo empresarial.

Persiguiendo tales metas las organizaciones de base presentan algunas características de funcionamiento y acción que en algunos casos ponen en duda la continuidad misma de las organizaciones. A nivel descriptivo podemos citar algunas de las dificultades más comunes que padecen, para luego tratar de profundizar explicativamente la cuestión:

Este conjunto de aspectos que se detectan en las organizaciones del sector deben ser ordenados y jerarquizados para permitir una compresión de la lógica que esta por detrás de estas formas asociativas de la Me.

Pretendemos entonces armar un árbol de problemas que sistematice lo que se presenta como conjunto caótico de dificultades.

En consonancia con los problemas que enfrentan las Microempresas individualmente, las organizaciones de base tienen serias dificultades para planificar estratégicamente sus actividades, y por fin, ejercitar un accionar en el tiempo. La falta de perspectiva es quizás el aspecto mas sobresaliente ante un primer y rápido análisis de las organizaciones. Sus objetivos tienden al corto placismo: lograr algún apoyo para pagar el alquiler, un subsidio para llevar a sus asociados a una feria de microempresas de fecha próxima, presionar a un político cercano para que se aprueben los proyectos de crédito presentados a un banco u organismo gubernamental por sus asociados, y demás actividades que no involucran un accionar pautado estratégicamente a largo plazo. Este serio obstáculo para el desenvolvimiento de las organizaciones de base supone una multiplicidad de problemas, como la escasa profesionalización (capacitación de los dirigentes), la escasez de recursos materiales, económicos y financieros, y gestión (la escasa organización, participación y división del trabajo interno de la organización).

Es decir que las organizaciones tienen problemas en consolidarse como actores sociales capaces de sostener en el tiempo la persecución del desarrollo empresarial y gremial del sector de la microempresa.

Esto es así pues, porque las organizaciones de base tienen grandes inconvenientes: en la obtención de recursos económicos para sostener estructuras mínimas de funcionamiento institucional; en la gestión para alcanzar legitimidad y articulación en la acción, dinamizando el funcionamiento institucional; y en la profesionalización de una organización que no logra sostener niveles ampliados de formalidad en los vínculos con otros actores sociales.

Estas falencias tienen su anclaje a su vez en una serie de condiciones que observamos. Gran parte de las organizaciones no cobra cuota social, fuente genuina de recursos. No lo hacen en parte porque no brindan servicios. Con lo cual muchas veces, además de carecer de fondos, tienen dificultades en retener a los asociados. También es cierto que muchas de las organizaciones que representan específicamente al sector son de reciente creación, con lo cual a los problemas generales del país se suman los inconvenientes de todo proceso de despegue y consolidación. De esta manera los aspectos negativos se potencian, pues teniendo en cuenta la falta de recursos, las organizaciones deben asumir una serie de gastos relativos a la instalación de una organización: equipamiento, sede, reconocimiento legal, recursos humanos disponibles, etc. Se crea un circuito cerrado del que no pueden emerger, en el que la imposibilidad de disponer de recursos para funcionar se conjuga con los problemas de obtener recursos gracias al funcionamiento.

En la base de los problemas de gestión y profesionalización, encontramos escasa capacitación dirigencial, y deficiencia en los mecanismos de representatividad y legitimidad de los objetivos que persiguen las organizaciones del sector.

De este diagnostico se desprende que una política de intervención debería promover en las organizaciones, formación de dirigentes, modelos de gestión y toma de decisiones, y por ultimo prestación de servicios para asociados.

El punto es que encontramos un aspecto que escapa al diagnostico de inicio, y tiene relación con la persistencia de una visión individualista de los problemas colectivos, mismo entre los dirigentes que no logran expresar las necesidades que tienen, en demandas sectoriales. Entre las variables que abonan la reproducción de este tipo de conductas, podemos citar una que evidentemente está presente en el sector de la Microempresa: la ausencia de conciencia de sector. El árbol de problemas compone entonces un esquema que se mantiene suturado dramáticamente. Estos es así pues, si pensamos que el comienzo de solución, a los problemas de las Organizaciones de Base, se va a dar con la presencia de liderazgo y participación: dos elementos (liderazgo y participación) que surgen si existe un principio orientador, o latente, mínimo quizás, de percepciones compartidas y marcos comunes para la acción.

Es decir, la Microempresa no encuentra elementos suficientemente sólidos para constituirse como actor social, como sujeto colectivo. Dispersa mayormente, la Microempresa, no logra consolidarse en los aspectos dirigenciales y de gestión participativa, con lo cual fracasa a la hora de planificar y proyectar su desarrollo.

La cuestión de la conciencia sectorial, nos remite a la pregunta por la existencia o no de un sector de la Microempresa. Existen elementos que nos permiten hablar de La Microempresa como categoría aglutinante, aunque quizás no sea un término que empíricamente pueda integrar todas las unidades socioeconómicas que pretende definir. Quizás haya que reconocer la intrínseca heterogeneidad del sector de la Microempresa y entonces mantener operativamente un concepto global que refiere a realidades diferenciadas. Con lo cual la conciencia sectorial quedará siempre en un plano fragmentado, que dependerá de cuestiones estratégicas (políticamente hablando) que los actores sociales activarán en contextos específicos y delimitados en el tiempo y en el espacio.

 

Algunas conclusiones: diagnostico y perspectiva

Las organizaciones de base constituyen una realidad cambiante y sensible a las condiciones económicas de los asociados. Están expuestas en mayor medida que otros actores sociales, su caída puede ser definitiva e inesperada. Esto acentúa la imposibilidad de planificar a mediano y largo plazo, y de instalarse en un escenario de negociación y permanecer el tiempo suficiente como para desarrollar estrategias en pos de sus objetivos.

Arbol de Problemas:

Desarrollo Sectorial

 

Acción Estratégica

 

 

Financiamiento

 

 

 

profesionalización

 

 

Gestión

Cuota/Servicios

 

 

Capacitación

 

Representatividad

Infraestructura

 

 

Liderazgo Legitimo

 

Participación

 

 

 

 

Conciencia de Sector

 

Frente a este marco se hace indispensable que cualquier apoyo contemple un tiempo suficiente para dar lugar a que, las capacidades que se incorporen desde los dirigentes y los asociados cuenten con el ámbito propicio para desarrollarse y dar frutos. Sería como invertir en infraestructura para que las capacidades sean apropiadas por los recursos humanos de la organización, y al fin consolidar la estructura general de una organización que sabe lo que quiere, y se propone una metodología para lograrlo. En tal sentido el especial hincapié debería estar en acrecentar la capacidad de los dirigentes de interactuar en escenarios con múltiples actores sociales (Estatales y Privados), pues este ejercicio mismo genera un conocimiento que permite al dirigente evaluar situaciones y apropiar recursos a las condiciones situacionales. La participación debería estar asegurada desde mecanismos de funcionamiento interno.

De lo anterior se desprende la necesidad de:

Ahora bien, sin negar lo anterior pero agudizando la observación podemos captar otras cuestiones de relieve. Teniendo en cuenta: que las Organizaciones de Base están constituidas por unidades domésticas (familiares), que se definen en una frontera borrosa entre lo económico y lo social, y que sustentan una lógica de reproducción de los miembros que la componen y no de maximización económica; que tienen la seria dificultad de pensarse estratégica y planificadamente; y por último, que se perciben difusamente como sector. No cabría entonces preguntarnos si no estamos frente a un sector cuyas organizaciones típicas no pueden ser pensadas desde la matriz de organización empresarial profesionalizada, formalizada y sustentable.

El hecho de que la Microempresa sostenga una lógica (y características) diferente de la empresa capitalista clásica nos alerta sobre la lectura que debiéramos tener de lo que hemos definido como falencias de las organizaciones de base. Quizás lo correcto sea hacer un esfuerzo por repensar un tipo de promoción (estrategias de intervención) que parta de la fragmentación e informalidad de las instituciones del sector. Definir entonces un modelo de organización que no evalúe como fracasos lo que son condiciones objetivas de existencia.

Todo esto no debiera paralizar ningún tipo de intervención, pero sí señala fuertemente la necesidad de profundizar los procesos de inclusión de las Organizaciones de base en los trabajos de definición, ya no solo de los planes de promoción de la Microempresa, sino inclusive de las políticas de fortalecimiento de sus formas asociativas y de representación sectorial.

 

 

Diego Domínguez